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Crítica: Harry Potter y el misterio del príncipe

Publicado por admin | Publicado en Críticas | Publicado el 19-07-2009

Harry Potter y el misterio del príncipe

Título: Harry Potter y el misterio del príncipe
Título original: Harry Potter and the half-blood Prince
Director: David Yates
Género: aventuras, suspense
Duración: 150 minutos
Intérpretes: Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Michael Gambon, Jim Broadbent

El problema de las adaptaciones literarias ha sido uno de los que más ha preocupado a los creadores cinematográficos desde el nacimiento del séptimo arte. Frente a la habitual solución basada en la fidelidad, artistas como Orson Welles, Alain Resnais o Stanley Kubrick han propuesto opciones más llamativas y arriesgadas, que en pocas ocasiones han encontrado seguidores. Sobre todo cuando el texto a adaptar entra dentro de la categoría de best-seller, el respeto escrupuloso se ha antojado como la única posibilidad.

Desde que se inició hace ya casi una década la saga de Harry Potter, ese respeto ha sido la regla a seguir, y las diferentes entregas se han salvado con mayor o menor suficiencia. Desde Harry Potter y el cáliz de fuego, estaba claro que la longitud de las novelas era un escollo que había que salvar a base de suprimir algunas partes de las mismas. Aquella cuarta entrega sobrevivió a la amputación gracias a la intensidad del argumento, mientras que Harry Potter y la Orden del Fénix se apoyaba en los valores del cine espectáculo para dejar sin respiro al espectador. Sin embargo, esta sexta entrega, en la que repite tras las cámaras el realizador David Yates, no consigue pasar el corte.

El problema está claramente en la adaptación, ya que el resto de aspectos de la producción funcionan una vez más a la perfección. En cuanto a decorados, maquillaje, banda sonora o efectos especiales la saga siempre ha estado muy bien servida. Con el reparto además han tenido suerte, ya que a la estimulante presencia de los más reconocidos nombres de la interpretación en el Reino Unido (a los que en esta ocasión se une Jim Broadbent), se suma que los actores jóvenes han sido capaces de afrontar sus papeles sin desentonar (el problema de las actuaciones de los actores infantiles puede ser tan peliagudo como el de las adaptaciones).

David Yates demuestra además muy buen gusto en la elaboración de los planos, confiando en una fotografía muy correcta. El problema es que al enfrentar todo este derroche de producción y de lucimiento formal con un guión extraño y algo pobre, el resultado es cuanto menos aparatoso, y la sucesión de escenas no termina de encontrar un ritmo que nos conduzca satisfactoriamente al desenlace.

¿Qué ha hecho mal el guionista Steve Kloves a la hora de enfrentarse a la novela de J.K. Rowling? La respuesta es dotar al argumento de dos tramas principales, en lugar de centrarse solamente en la realmente importante para dejar a la otra en una condición simplemente accesoria. Concretando, el enfrentamiento entre el bien y el mal, entre Harry Potter y Voldemort, ha sido desde el principio el objeto central de la saga (supongo que eso nadie lo pone en duda), por lo que los amores y desamores de los adolescentes protagonistas deben permanecer en un segundo plano, como una simple afectación de sus estados de ánimo de cara a las acciones que realizan en esa trama central.

Sin embargo, las cosas no se han planteado de esa manera, y durante un largo rato de Harry Potter y el misterio del príncipe, no hay rastro de aurores, mortífagos o señores oscuros. Se nos ha escamoteado lo más interesante de la novela original: la historia de la familia Ryddle, que no dejaba de ser al fin y al cabo una manera de caracterizar a Lord Voldemort, cuyo presente dejó Rowling fuera del texto en una decisión arriesgada (eso sí se ha respetado en el film). Ese crecimiento en el conocimiento de la némesis del protagonista nos hubiera servido también para chequear las cualidades del propio Potter. Por el contrario, han decidió centrarse en pociones amorosas e irritantes comportamientos de quinceañeros con problemas hormonales.

En definitiva, estamos ante la más decepcionante y aburrida de las entregas de la saga. Nos queda el consuelo de que Harry Potter y las reliquias de la muerte, la conclusión del relato, se estrenará en dos partes, por lo que habrá que reducir menos el contenido de la novela y la cosa por lo menos tendrá un sentido, aunque sea el que quiso darle J.K. Rowling (de los directores adheridos a la saga, solo Alfonso Cuarón supo aportarle algo de su personalidad como cineasta). De aquí solo recordaremos la dramática parte final, a pesar de lo ridícula que ha quedado en pantalla la persecución por los terrenos de Hogwarts. El producto sigue siendo extraordinario, pero esto se podría haber hecho mucho mejor. Respecto al argumento, pasa un poco como en El señor de los anillos tras Las dos torres: estamos más o menos igual que antes, solo que ahora la victoria del bien está mucho más difícil.

Crítica: La última casa a la izquierda

Publicado por admin | Publicado en Críticas, General | Publicado el 01-07-2009

La última casa a la izquierda, crítica

Título: La última casa a la izquierda

Título original: The last house on the left

Director: Dennis Iliadis

Género: terror

Fecha de estreno: 3 de julio

Intérpretes: Tony Goldwyn, Monica Potter, Garret Dillahunt, Martha MacIsaac, Sara Paxton

La última casa a la izquierda, remake de Dennis Illiadis del film de Wes Craven, no se diferencia mucho de lo que ya es la norma escrita de los remakes de terror de los setenta, que vienen presentándose desde hace varios años. Con una estética más pulcra y moderna que sus precedentes, pero igualmente sucia y oscura, han ido actualizado con desigual fortuna los originales de los inconformistas 70 y comerciales 80 para el nuevo consumidor.

Si Las Colinas tienen ojos, remake de otro film de Craven, consiguió aportar hace poco tiempo ciertos apuntes políticos y sociales, (además de un sorprendente sentido de la épica y la pura acción), La última casa a la izquierda se queda un tanto por detrás del de Alexandre Aja. Y si esto sucede es debido a que sus personajes son menos carismáticos de lo esperado, y el mensaje -como en la de Aja, vehiculado en torno a la familia y el grupo humano- aparece presentado de forma algo más pobre y poco estimulante que en aquella, tomando formas igual de manipuladoras pero menos atrevidas. Pero vayamos por partes.

Porque aún así hay bastantes cosas salvables en esta odisea de muerte, primero, y venganza, después. Por un lado, cabe reconocer que la narración en dos partes conserva el pulso hasta apenas diez o quince minutos antes que su final, y que el tratamiento de la violencia a las dos jóvenes víctimas de un trío de salvajes es, simplemente, desoladora y brutal, sin ningún tipo de concesiones. En este punto, (SPOILER) resaltar el apuñalamiento de una de las protagonistas –momento verdaderamente enervante y trágico- o el cruel tiro al blanco que los malvados ejercitan para tratar de acabar con otra de sus víctimas (fin SPOILER), y que da lugar a una interesante derivación del original.

Pero Illiadis trata entonces de aportar cierta poesía e inocencia al film para conmover (y lo consigue en el determinante momento de la huida de una de las jóvenes), pero también para superar, trascender y hasta justificar lo que pudiera parecer un mero abuso del torture porn, que en realidad no es tal. El querer aportar algo más que –falsa- violencia realista, al final puede contentar a un público mayoritario, pero lo único que hace es añadir capas innecesarias al pastel. NO obstante, el componente de drama que se le ha añadido, como seña de identidad propia, puede distinguir el film del resto de ejemplos del género.

Pero aquí vienen los problemas, puesto a que pese al indiscutible dominio de la puesta en escena y de la tensión, uno se distancia de la historia cuando precisamente debería introducirse de lleno en ella, y dejarse llevar por la odisea de venganza contra los asesinos, que tiene lugar en la segunda mitad. Algunos personajes fundamentales aparecen demasiado desdibujados –es el caso del de Monica Potter, la madre de una de las jóvenes- y tras la sorpresa que tiene lugar cuarenta minutos antes del desenlace, poco más tiene el relato que aportar.

Pero La última casa a la izquierda está francamente bien. De una violencia y crudeza descarnada en sus momentos más trascendentales –alargando la tortura y muerte de las jóvenes de forma inaudita en el cine comercial norteamericano-, cabe reconocerle una inmoral, realista y básica fuerza, que es la que los fans del original promocionan. No obstante, el desenlace carece de la fuerza y sensación de peligro necesarias para justificar la tortura que el espectador también ha sufrido hasta ese momento.

Pero el conjunto al final carece de la acción arrebatadora de los remakes ‘Las colinas tienen ojos’, ‘Amanecer de los muertos’, o de la pictórica suciedad del de ‘La matanza de Texas’. Queriendo unirse a la liga de los buenos remakes, al film al final le falta esa potencia interior y de ese mensaje que no puede ser ni improvisado en exceso ni calculado al milímetro. Al final, todo se queda en un quiero y no puedo, eso sí, totalmente salvaje, inmoral y desagradable en sus primeros tres cuartos de hora. Es el verdadero motivo de que se haya realizado.

Crítica: Tres días con la familia

Publicado por admin | Publicado en Críticas | Publicado el 30-06-2009

Crítica: Tres días con la familia

Título: Tres días con la familia

Título original: Tres dies amb la familia

Director: Mar Coll

Género: drama.

Duración: 86 minutos

Estreno en España: 24 de junio

Intérpretes: Nausicaa Bonnín, Eduard Fernández, Francesc Orella, Ramon Fontserè, Philippine Leroy-Beaulieu.

Lo primero que sorprende en Tres días con la familia es la madurez que desprende. La realizadora Mar Coll, en compañía de la guionista  de la guionista Valentina Viso, consigue plasmar con veracidad  los secretos y mentiras de un clan burgués, donde las apariencias y el saber estar triunfan frente a la verdad. Lo hace con unos diálogos brillantes y una sabia utilización de las miradas y silencios de los personajes. Los actores, todos espléndidos, aportan su granito de arena para que la película se vea de una manera extraña: como si fuéramos fantasmas que se introducen en los momentos más íntimos de los personajes.

 

Coll se niega, a diferencia de la mayoría del cine español considerado como serio, a teatralizar todo con interpretaciones histriónicas y frases lapidarias.  La jovencísima realizadora catalana, que fue la gran triunfadora del pasado Festival de Málaga, parece más atenta a analizar con su cámara hasta los gestos más nímios de sus protagonistas que a optar por el subrayado menos sútil. También, y aquí se encuentra a la vez una de las grandes virtudes y uno de los mayores defectos de la película, no apuesta por el melodrama, conteniéndose unas veces en su justa medida y otras en exceso. Esto puede provocar que algún espectador califique el filme como algo frío. Aunque si  lo analizamos detenidamente, quizá veamos que esa presunta gelidez de algún pasaje  es un reflejo de clima general de la familia protagonista: un grupo de personas que se limita a representar el típico ritual del duelo por un abuelo muerto al que no todos querían.

Sin embargo, la presencia de Léa, una de los jóvenes miembros del clan, resquebrajerá  la impecable y falsa  fachada de sus supuestos seres queridos. En plena crisis sentimental y vital, la veinteañera, que acaba de llegar del extranjero, se encargará de descubrir la mentira que vive dentro del matrimonio de sus padres y, casi por extensión,  de todo el clan. Será entonces  cuando algunos de los personajes dejarán de autoengañarse para afrontar su presente y empezar a ser verdaderamente ellos mismos. Todo ello, y aunque mis palabras puedan parecer grandilocuentes, está mostrado sin aspavientos y evitando la pedantería. Algunos  incluso descubrirán en la película situaciones y personajes que han podido ver más o menos de cerca siempre que se han encontrado con familiares en bodas, bautizos, comuniones y entierros.

Esta  sensación de autenticidad se ve reforzada por un elenco de actores perfecto. No obstante, dos nombres sobresalen del magnífico grupo de intérpretes: Nausicaa Bonnín y Eduard Fernández. Bonnín consigue reflejar sin aspavientos la tristeza que siempre persigue a aquellos que están en crisis, mientras que Fernández roza lo magistral con su encarnación de un hombre, el padre de la protagonista, que ha convertido su vida en pura mentira.